
PASEOS IMAGINARIOS UNA NUEVA TENDENCIA URBANA -



No existe un diagnóstico específico llamado “hobby doging”. La evaluación psiquiátrica se centra en qué función cumple la conducta y qué otros síntomas la acompañan.
Posibles explicaciones clínicas (no excluyentes)
Trastornos psicóticos Cuando la persona cree realmente que el perro existe, lo ve, lo oye o siente su presencia. Puede aparecer en esquizofrenia, trastornos delirantes o episodios psicóticos breves. Indicadores: alucinaciones, delirios, pérdida de juicio de realidad.
Trastornos disociativos La conducta puede funcionar como un mecanismo para manejar ansiedad, trauma o soledad extrema. El perro imaginario actúa como figura protectora o acompañante.
Trastornos del espectro autista En algunos casos, la interacción con un “animal imaginario” puede ser una forma de estructurar rutinas, regular emociones o compensar dificultades sociales.
Trastornos de personalidad Especialmente en personalidades con rasgos esquizoides, esquizotípicos o histriónicos, donde la conducta puede ser una forma de expresión identitaria o performativa.
Duelo complicado o trauma Personas que han perdido un animal real y mantienen la conducta como forma de sostener el vínculo.
La clave es evaluar tres criterios fundamentales:
Juicio de realidad: si la persona sabe que el perro no existe.
Funcionalidad: si la conducta interfiere con su vida laboral, social o familiar.
Sufrimiento subjetivo: si la práctica genera angustia, miedo, culpa o deterioro emocional.
Cuando estos criterios están conservados, la conducta puede considerarse una expresión excéntrica o performática, sin implicar enfermedad mental.
Conducta excéntrica no patológica Algunas personas adoptan comportamientos performáticos o artísticos en el espacio público sin que exista enfermedad mental.




Provincias Afectadas: Las jurisdicciones con mayor incidencia son Buenos Aires, Salta, Santa Fe, Jujuy, Neuquén, Río Negro, Entre Ríos y Chubut.










