
La humanidad observa el horror a diario y, poco a poco, esa brutalidad deja de parecer lejana: entra en las casas, se filtra en las escuelas, atraviesa las familias, baja a la calle y se instala en los vínculos más cercanos. Cuando la violencia es cotidiana, el cuerpo del otro deja de ser respetado y comienza a ser tratado como un objeto de descarga, como si la rabia tuviera derecho a marcar la piel ajena. En ese contexto, una mordedura no puede ser tomada como una travesura, un impulso sin importancia o una simple reacción violenta. Una mordedura es un acto de agresión directa.- Ocurren en todas las edades: en niños pequeños en jardines de infantes , en escuelas primarias en adolescentes, en adultos en las familias, en las parejas y también entre personas mayores ataques a adultos mayores. Atraviesan todos los sectores sociales, porque la violencia no pregunta por apellido, por educación ni por apariencia. Puede aparecer en una escuela, en una institución, en la calle, en una discusión de pareja, en una pelea entre madres, en una salida escolar, en un jardín de infantes o en un aula de primaria. Sucede cuando el límite se rompe y la palabra ya no alcanza, cuando el enojo se convierte en ataque y la persona pierde la noción del daño que está causando. -

































