
El resentimiento es una de esas heridas invisibles que pocas veces se reconocen como una pérdida. Sin embargo, guarda una profunda semejanza con el dolor que deja la muerte de un ser querido, el diagnóstico de una enfermedad o el final de un amor. Porque, en esencia, el resentimiento nace cuando algo valioso dentro de nosotros se rompe.
Cuando alguien nos lastima profundamente, no solo perdemos la confianza en esa persona. También pueden morir algunas de nuestras expectativas, la ilusión de una relación, la seguridad que sentíamos o la imagen que teníamos de la vida. Es un duelo silencioso. No hay velorio ni despedida, pero hay una ausencia que duele y que se instala en el corazón.






























