En la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor, la Iglesia rinde culto público y solemne de adoración, amor y gratitud a la Eucaristía, presencia real de Cristo. Es la mejor ocasión para agradecer y profundizar en quién es Dios, que ha decidido quedarse con nosotros siempre y que se da como alimento de vida y salud. En sintonía con el espíritu de esta celebración, en cada parroquia se realiza la procesión de la Eucaristía por las calles de las ciudades después de la Misa principal. Esta solemnidad se celebra el jueves siguiente al domingo dedicado a la Santísima Trinidad (4 de junio), sin embargo, por razones pastorales, en muchas diócesis se mueve al domingo más cercano (7 de junio).