
Su creación responde a la preocupación por la proliferación global del discurso de odio, exacerbada por el uso de plataformas digitales y redes sociales, que facilitan la difusión de mensajes discriminatorios y violentos La ONU define el discurso de odio como cualquier comunicación que denigre, intimide o incite a la violencia contra personas o grupos por motivos de identidad, como raza, religión, género, orientación sexual o condición socioeconómica





























