
DIA INTERNACIONAL DEL CROISSANT



El croissant llegó a Francia gracias a María Antonieta, quien era austriaca. Se dice que, al mudarse a Francia, introdujo el kipferl en la corte. A partir de ahí, los panaderos franceses comenzaron a experimentar con la receta, incorporando la técnica de la masa hojaldrada que caracteriza al croissant moderno. Durante el siglo XIX, la técnica de la masa hojaldrada se perfeccionó en Francia, permitiendo que el croissant adquiriera la textura ligera y crujiente que hoy apreciamos. Este proceso de laminado, que consiste en alternar capas de masa y mantequilla, se convirtió en un arte en sí mismo. La incorporación de mantequilla de alta calidad y el refinamiento de la técnica dieron vida al croissant moderno.- A medida que el croissant se establecía en Francia, su popularidad comenzó a crecer. En el siglo XX, se convirtió en un clásico del desayuno en cafeterías y panaderías de todo el mundo. Hoy en día, existen innumerables variantes, desde los clásicos de mantequilla hasta rellenos de chocolate, jamón y queso, o incluso versiones veganas y sin gluten.-En el Río de la Plata, hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX, las corrientes inmigratorias europeas —especialmente francesas e italianas— trajeron consigo técnicas y oficios ligados a la panadería y la pastelería. Durante sus primeros años, las panaderías porteñas replicaron modelos europeos casi sin modificaciones. Con el tiempo, el croissant comenzó a adaptarse al gusto local y a una cultura gastronómica distinta. De esa transformación nació la medialuna. A diferencia del croissant francés —hojaldrado, seco y dominado por la manteca— la versión argentina se construyó sobre una masa más blanda, con mayor presencia de azúcar y, en muchos casos, un almíbar final que aporta brillo y dulzor. El objetivo dejó de ser la perfección técnica de las capas para priorizar una textura más suave y una experiencia más amable. Con el tiempo, la medialuna dejó de ser una adaptación para convertirse en un producto con identidad propia. Aparecieron dos grandes estilos (de manteca y de grasa) y se consolidó un consumo profundamente urbano, ligado al bar notable, al café de esquina y a una forma muy argentina de empezar el día.













