
Mordida afectiva → nace de la atracción infantil.
Mordida competitiva → nace de la envidia entre niños.


Aquí la mordida es un ataque directo. No busca protegerse, sino lastimar. Es la expresión cruda del rechazo, del resentimiento, del enojo acumulado. Se llama mordida hostil, porque nace del odio y busca herir.
Es la mordida que aparece cuando la persona pierde el control. No es solo enojo: es violencia desbordada, una reacción que sorprende por su intensidad. La mordida se convierte en un acto de ataque físico, casi animal. Se llama mordida agresiva, porque expresa una agresión directa, intensa y desmedida.
Es la reacción desesperada de quien se siente acorralado. La persona muerde para defenderse, para evitar un daño imaginado o real. Es un acto impulsivo, nacido del pánico, donde el cuerpo responde antes que la razón. Se llama mordida defensiva, porque surge del miedo y la necesidad de protegerse.












