
VIRGEN DE LOURDES 11 de FEBRERO



Ya en vida de Bernadette, multitud de católicos creyeron en las apariciones de la Virgen María como vehículo de la gracia de Dios, y el papa Pío IX autorizó al obispo local para que permitiera la veneración de la Virgen María en Lourdes en 1862, unos diecisiete años antes de la muerte de Bernadette.
Bernadette Soubirous fue proclamada santa por Pío XI el 8 de diciembre de 1933. Desde entonces, la advocación de la Virgen María como Nuestra Señora de Lourdes ha sido motivo de gran veneración, y su santuario es uno de los más visitados del mundo: unos 8 000 000 de personas peregrinaron allí en 2011.[2]​ Tras la pandemia de COVID-19, el número de visitantes se estima entre los cinco y seis millones,Bernadette Soubirous, una adolescente pobre y analfabeta de catorce años de edad, aseguró haber visto en dieciocho ocasiones a la Virgen María en la gruta de Massabielle, al occidente de Lourdes entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858.[1]​
Ella decía que se le aparecía una señora joven, vestida de blanco con una cinta de color azul a la cintura, con las manos juntas en actitud de oración, con un rosario colgándole del brazo, con una rosa dorada en cada pie y un velo blanco cubría su cabello.






Las abejas blancas: A los pocos días de su bautismo, un enjambre de abejas blancas entró y salió de su boca sin hacerle ningún daño, lo que su familia interpretó como un signo de gracia divina.
El estigma de la corona: Durante gran parte de su vida en el convento, llevó en su frente una herida profunda que sangraba, considerada un estigma de la corona de espinas de Cristo.
Las rosas en invierno: Estando postrada y cerca de la muerte, pidió que le llevaran una rosa de su huerto en Roccaporena.
Aunque era pleno invierno, la rosa floreció milagrosamente
En la Basílica de Casia se custodian sus restos y las crónicas reportan que, ante muchos de sus milagros, se percibe un intenso aroma a rosas.








