
SAN ONOFRE - PATRONO DE LOS DESAMPARADOS


San Onofre nació alrededor del año 320, hijo de un rey en Egipto o Abisinia (actual Etiopía). Su vida estuvo marcada por hechos milagrosos desde la infancia: cuando su padre, engañado por el demonio, dudó de su paternidad, lo arrojó al fuego, pero salió ileso gracias a la intervención de su ángel custodio. Este prodigio convenció a sus padres de la verdad de la fe cristiana y lo bautizaron con el nombre Wnn-nfr, que significa “el que es continuamente bueno”
Durante su niñez, la Virgen María también lo protegió de una hambruna que afectó el monasterio donde pasó parte de su educación. Desde joven, San Onofre se retiró al desierto de la Tebaida egipcia, siguiendo la vida de ermitaños como San Antonio Abad, San Juan Bautista y el profeta Elías, dedicándose a la oración, el ayuno y la penitencia . Como ermitaño, San Onofre vivió 60 años en soledad, alimentándose de dátiles y agua, vestido con sus propios cabellos, mientras un ángel le llevaba pan diariamente y la Eucaristía los domingos. Su vida austera y su fe profunda se consideran milagros en sí mismos, demostrando la Providencia divina y la protección de Dios hacia quienes confían en Él.




Oh, glorioso San Fermín,
luz que guía en la tormenta,
escudo firme ante el peligro,
amparo de quienes caminan sin miedo.
Tú que conociste el valor y la fe,
atiende nuestras súplicas humildes;
guárdanos de todo mal visible e invisible,
y fortalece nuestro corazón en la prueba.
Haz que avancemos con paso firme,
que la justicia sea nuestro estandarte,
y la paz, nuestro destino.
San Fermín bendito,
intercede por nosotros ante el Altísimo,
para que, en cada jornada,
la esperanza sea nuestro pan
y el amor, nuestra victoria.
Amén.

San Fermín, conocido por su historia y su conexión con los Sanfermines, es un obispo y mártir del siglo III. Su figura es recordada cada 7 de julio en todo el mundo, y su festividad se celebra en Pamplona, España, donde se llevan a cabo las famosas corridas de toros. La fecha de su martirio es el 25 de septiembre, pero desde el siglo XVI, su festividad litúrgica se trasladó al 7 de julio, coincidiendo con las celebraciones populares que hoy identifican a la ciudad de Pamplona.









