
EN UN PAIS DEMOCRATICO : QUE FUTURO ESPERAS DE LA VIDA?


EN LA CIUDAD DE CORRIENTES, cada vez son más las adolescentes —desde los 16 años— que se convierten en madres por primera vez. Y lo que debería ser cuidado y acompañamiento, termina siendo condena: dejan los estudios, no consiguen trabajo, se hunden en la pobreza. Y cuando el bebé se enferma, ahí aparece el verdadero abismo: el problema grande, el miedo crudo, la desesperanza total de toda la familia. Porque nadie quiere atender. Porque todo se vuelve un “no se puede”, un “no hay”, un “vuelva mañana”. ¿Cómo se sostiene una internación? ¿Cómo se pagan los remedios? ¿Cómo se llega a una consulta si la joven, día tras día, está más vacía de recursos, más sola, más al límite? Y ni hablar del padre: el que se fue, el que abandonó, el que dejó a las dos —madre e hija— libradas a su suerte, como si no existieran. En estos tiempos en que el Estado parece querer desaparecer y los recursos económicos son cada vez más bajos, la contención queda reducida a lo que puedan hacer los familiares que todavía aman, que todavía se plantan. Queda en manos de auxiliares y terapeutas que, con salarios mínimos congelados desde hace un año o más, igual siguen. Siguen ayudando. Siguen colaborando. No por abundancia, sino por esencia: porque no quieren sumar otra injusticia, porque saben que esa familia ya no resiste un golpe más, otro cachetazo de la vida. Pero también ellos están al límite: viajar, acompañar, calmar, contener… cada día se hace más cuesta arriba. Y, para colmo, las obras sociales —sin distinción— están atrasadas: en pagos, en respuestas, en soluciones. Saturadas de demandas, empujan todo hacia adelante y la bola de nieve crece, se vuelve más pesada, más peligrosa.
Y la pregunta queda clavada, como un grito sin respuesta: ¿hasta cuándo?






HOY EL PAIS , LAS FAMILIAS , LAS MADRES, LAS ABUELAS, LAS TIAS, LAS HERMANAS ESTAMOS DE LUTO.-








